La columna vertebral, el rayo de la vida

Hablar de Quiropráctica crea un parto tormentoso en el cerebro de muchos médicos de la medicina clásica. La ciencia de la quiropraxia es poco entendida por muchos médicos, mientras millones de personas en todo el mundo sufren afecciones de la columna vertebral: condiciones de discos herniados, escoliosis en adultos y adolescentes, artrosis en millones de adultos envejecientes…
Cada profesional de la salud utiliza una vía de acceso para curar o poder tratar ciertas dolencias. Los quiroprácticos utilizamos la columna como vía de acceso para tratar múltiples síntomas, enfermedades y condiciones relacionadas con la salud, como esclerosis múltiple y parkinson —para mencionar algunas—; y tratamos de corregir la causa para evitar las cirugías en muchos casos.
El cerebro trabaja de la mano con la columna vertebral, y nunca podrían separarse ni tampoco trasplantarse. Las vértebras guardan un tesoro en su caja ósea, que es la médula espinal. De acuerdo con la teoría de la evolución, la médula espinal es más ancestral que el cerebro. Se cree que primero existió la médula y de ella se fue formando el cerebro por bloques. Mientras pasaba el tiempo, el cerebro iba evolucionando; y la conducta de los primeros habitantes de la tierra iba cambiando cada vez más, desarrollando instintos, miedos, ira, conciencia, júbilo, tristeza. Todo nace a partir de la médula espinal: la columna vertebral es el sostén o el rayo de la vida, como yo la llamo.
Desafortunadamente en la medicina clásica, esta práctica ha sido rechazada por muchos médicos, tal vez porque no entienden la importancia de mantener una columna saludable. En el 1895, David Palmer —pionero de la quiropráctica— descubrió que el cuerpo se podía curar de forma holística y natural a través de la manipulación de las vértebras y la autocuración. En aquellos años, los quiroprácticos eran encarcelados; y todavía hoy existe gran escepticismo acerca de sus prácticas.
Para la salud general es esencial conocer la columna vertebral, su inteligencia y los secretos que esta guarda, así como el valor de mantenerla saludable. La columna vertebral se compone de 24 vertebras, y esta emerge desde el encéfalo o tramo cerebral. Tenemos 7 cervicales en el cuello y 12 dorsales en la espalda media; en la espalda baja, se encuentran las lumbares —L1 a L5—; más hacia abajo, tenemos 5 vertebras —S1 a S5— fundidas o fusionadas en un solo hueso llamado sacro, fusión que sucede con la formación ósea en el desarrollo del feto. El coxis es el último hueso de la columna, y es el único que puede ser removido sin dejar secuela alguna. El sacro es más ancho en la mujer, por su predisposición biológica para parir, y porque sirve de soporte a su cadera. La médula espinal baja desde el encéfalo hasta la vertebra L-2, donde finaliza o nace. De ella emergen las ramificaciones llamadas “cola de caballo”, que son terminaciones nerviosas, que cuelgan desde el final de la médula hasta el sacro, pasan el nervio ciático y bajan por las extremidades inferiores y la pelvis.
La médula espinal viene recubierta desde el cerebro con una membrana o capa que hace el papel de placenta, llamada “dura madre”, y envuelve el cerebro bajando hasta la médula espinal. La médula también viene protegida con una visera llamada grasa epidural, y tiene su fluido transmisor llamado líquido cefalorraquídeo. Este no es plasma, aunque proviene de la sangre; y ambos comparten orígenes similares. Este líquido, antes de llegar a la médula, ya ha sido filtrado por el cerebro. Se compone de agua, electrolitos y glucosa. A través de él, fluyen los impulsos eléctricos, los cuales llevan y traen mensajes celulares e informaciones genéticas. Cada uno de nuestros órganos está conectado a la médula a través de los nervios espinales.
La médula juega un papel muy importante en los reflejos y en el comportamiento del ser humano. Por ejemplo, si usted resbala y, rápidamente, se agarra de algo, este reflejo es un impulso de la médula espinal. No provino del cerebro. Aunque el cerebro primitivo guarda informaciones ancestrales de todo lo sucedido desde el origen del hombre, el cerebro no tuvo tiempo para procesar esta información, porque la médula ya trae codificados estos impulsos. Estos viven más cerca del consciente que los mismos pensamientos, los cuales vagan por segundos en la mente.
Por lo tanto, si tenemos una columna desatendida, con vértebras fuera de lugar, y estas están oprimiendo la médula en alguna parte de su caudal nervioso —por ejemplo, en las cervicales o vertebras del cuello—, los resultados son lentitud en la parte motora, brazos y manos acalambrados, letargo, vértigo, confusión, pérdida de memoria, lapsus mentales, ansiedad, zumbidos en los oídos, falta de coordinación, dolores de hombros, arritmias cardíacas y dolores de cabeza. Si el punto de bloqueo eléctrico producido por un nervio pinzado es en las lumbares, los síntomas pueden ser: dolores en la espalda baja, estreñimiento, problemas de alergia, fatiga, problemas de erección en el hombre o de concepción en la mujer, etcétera. De estas ramificaciones nerviosas, llamadas “cola de caballo”, se forma el nervio ciático, el cual se pinza entre la L4 y la S3.
Entre cada espacio vertebral, se encuentran los discos, que funcionan como separadores. Las vértebras están formadas de menor a mayor. Las más pequeñas emergen desde el cuello por el tamaño y el peso de la cabeza, bajan a mitad de la espalda; y se engrosan un poco más para soportar los hombros y el pecho, bajando hacia el sacro o cintura. Luego se van ensanchando por el peso de las vísceras, costillas, brazos y torso. Esa es la naturaleza e inteligencia innata de la columna.
El espacio vacío entre las vértebras en los lados se llama foramen. En la parte atrás de la columna, existe un túnel de hueso que resguarda la médula, llamado canal espinal; los huesos en la parte atrás de la columna, aquellos que parecen mariposas, son las facetarias. En el centro de los discos, se encuentra el núcleo pulposo que contiene células, vasos sanguíneos y agua; y sirve de amortiguador. El núcleo pulposo también viene siendo la ayuda de los discos para los movimientos. Los discos se componen de colágeno, cartílagos y vasos sanguíneos. A veces, estos tienden a desplazarse, o también se hernian cuando alguna vertebra se sale de lugar y los presiona. Entonces, surge un abombamiento del disco; y, a veces, puede romperse el anillo fibroso o disco vertebral provocando un derrame del núcleo pulposo. En otras palabras, la gelatina amortiguadora se desborda; y causa, con el tiempo, una discopatía o reducción del grosor de los discos intervertebrales. Esta fricción entre huesos es dolorosa, y es muy importante visitar a un quiropráctico, que, preferiblemente, sea también Kinesiólogo.
Impresionantemente, el cerebro es el único órgano del cuerpo humano que no siente dolor porque carece de receptores de dolor. Pero, si tiene la capacidad de recibir información de dolores a través de las señales sensoriales del nervio autónomo central o médula espinal —la cual intercepta el dolor, lo ramifica y envía una señal al cerebro de que existe un dolor en alguna parte del cuerpo—, entonces el cerebro lo procesa. En ocasiones, el cerebro puede tratar de apaciguar ese dolor para proteger al paciente, enviando señales de bienestar a través de la médula espinal.
El cerebro se compone de un 75 % de agua y un 60 % de grasa, y contiene unos 85,000 mil millones de neuronas. Sin columna, el cerebro no podría darnos los beneficios de los cuales disfrutamos. Con una columna sin cerebro, tampoco podríamos existir. Las costillas nacen de las vértebras, y se conectan con el tórax o esternón. Por eso, si alguna vertebra de las dorsales está fuera de lugar, le pone presión a la costilla que va conectada a ella; y puede causar dolores de pecho, entre otros. Las vértebras también tienen su propio mecanismo de defensa. Si el paciente entra en un estrés muy intenso, las mismas vertebras se desencajan para acomodar la presión en sus nervios, músculos y tendones. Tratan de reducir la tensión y proporcionar mejoría. Desafortunadamente, a veces esta autodefensa trae como resultado un efecto secundario, y los kinesiólogos tenemos que detectar dónde está el problema y corregirlo.
Quiropráctica significa tratamientos del sistema musculoesquelético a través de las manos. La columna lo entiende y es nuestra máquina perfecta.

El Dr. Elvis Méndez Compiano es Kinesiólogo, quiropráctico, médico holístico regenerativo, escritor y compositor.